Casa Balandra x Claudia del Olmo

Antes de nada, nos gustaría que te presentaras y nos contaras quién es Claudia de una forma más personal

 

 

Uy, ¡esta es muy difícil! No sabría por dónde empezar. Hay tantas cosas que me componen que estaríamos mucho tiempo en esta pregunta. Tanto por lo más básico como por Casa B. Nací y me crié en Mallorca, pero fui a un colegio inglés, por lo que desde el primer momento estaba entre dos culturas. Además, ¡mi madre es Americana! Mis padres siempre nos han empujado a ver, conocer y entender el mundo y otras culturas, por eso hemos tenido la suerte de viajar mucho. Después de terminar el colegio, me fui a estudiar Diseño a Londres y nos mudamos mi hermana y yo juntas a un piso, y allí es cuando, verdaderamente, empezó a fluir el concepto de Balandra. 
 
Háblanos de tu trayectoria, ¿Qué te hace volver a Mallorca?
 
En realidad volver a Mallorca fue porque teníamos la casa aquí, y para mi era el sitio perfecto donde empezar Casa Balandra. Recuerdo, desde hace años, soñar cómo reharíamos la casa, cómo la redecoraríamos. Me pasaba mucho tiempo daydreaming sobre eso. Al final, me decidí. Le pusimos una fecha y, hasta ese momento, mi objetivo era acumular la máxima experiencia posible. En ese año, antes de empezar Casa Balandra, me mudé a París, luego de vuelta a Londres y, de allí, a Italia. Desde que he vuelto, aparte de haber vivido una pandemia global, he llegado a conocer Mallorca de una forma muy diferente y he tenido la oportunidad de conocer a gente creativa de muchas partes del mundo. Está claro que no hay comparación entre Londres y Mallorca. Para mí los dos son lugares súper especiales que me han formado muchísimo.
 
 
 
¿Cómo nace el proyecto, vínculo a la infancia e historia familiar?
 
El proyecto en realidad (créetelo o no) nació con la idea de Balandra como cultura y como la cultura que está hoy en casa balandra, pero a través de zapatos. Empezamos diseñando menorquinas y espardeñas y, llegó a un punto, en el que nos dimos cuenta de que en realidad no era lo que queríamos. Pero el alma de Balandra siguió siendo la idea de unir a la gente, disfrutar a tope de cada momento (pequeño o grande), y dejarse llevar por cada situación... Al final nos dimos cuenta de que el espacio perfecto era la casa donde crecimos, y que allí es donde aprendimos este estilo de vida, a través de nuestra madre. Ella siempre creaba magia ¡aunque fuera solo el desayuno de San Valentín! Y pensamos que sería una bonita manera de contar nuestra historia. 
 
 
 
¿Por qué Casa Balandra?
 
Cuando buscamos un nombre, queríamos algo que se pudiera decir en cualquier idioma y que sonara bien. Le dimos mil vueltas a mil nombres, pero este (cortesía de una amiga), sonaba muy bien y encajaba mucho con nuestra filosofía. Balandra es un barquito pequeño que, para nosotras representa no solo la isla pero también la idea de multiculturalidad el concepto de que, al viajar, adoptas diferentes costumbres y culturas. 
 
 
 
¿Cuál es la proyección de Casa Balandra, ideas, enfoques a futuro? 
 
Ahora mismo estamos trabajando mucho la parte productos, para hacer un shoppable guesthouse. A partir de aquí, quizás, un día en un futuro tener otro espacio que represente Casa Balandra a través de una de las ramas de comida, arte y hospitalidad. 
 
 
¿Por qué crees que tiene importancia que lo que elegimos perdure en el tiempo?
 
Creo que, una vez eres consciente del consumo masivo que nos rodea, ya no haces las cosas de la misma manera. Para mí, la moda es donde más se aprecia este consumismo. Prefiero comprar algo una vez al año, que sea de buena calidad, que venga de una empresa sostenible porque, aunque me cueste más, sé que lo cuidare mejor y lo tendré para siempre. Con las joyas, por ejemplo, me di cuenta hace unos años de que soy de esas personas que vive en sus joyas y no se las quita ni para ducharse, dormir, nada, hacer ejercicio, etc. prefería invertir más y que me duraran toda la vida y, así, poder dárselas también a otras personas importantes que también las tengan toda la vida.